Experiencia Reiki

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Durante el mes de noviembre, hemos puesto en marcha Experiencia Reiki. En colaboración con Emma Cabañas Hidalgo, quiromasajista y reikista, hemos ofrecido 1 sesión de reiki de una hora y media a las primeras 20 personas que quisieran contárnoslo por escrito.

Las experiencias irán apareciendo en esta página. Podéis leerlas haciendo click en ellas. Gracias por participar.

Rebeca Varela

Hace días que siento en la pierna derecha a la altura de la cadera un dolor que no quiere irse. Me pasa a veces, no muchas. Esta mañana he visto las estrellas al levantarme.
Pero tenía cita para una sesión de reiki, así que me fui andando haciéndome la coja (algo muy romántico, por otra parte). Llegué un poco tarde, no sé cuántos minutos. Podría decir que no calculé bien lo que me llevaría el trayecto porque habitualmente camino más deprisa, pero no es cierto, tengo ese defecto. Hace unos años que llego tarde a todas partes, y no hay un día que no me sorprenda.
Siento curiosidad por el reiki pero nunca me había propuesto probar. No hasta que un correo de Polisemias con una promoción inusual llegó a mi bandeja de entrada. No lo dudé ni un pedacito de segundo. También, cuando era adolescente empecé a interesarme por el yoga y la meditación, y he tardado demasiados años en empezar. Aunque no es que eso importe ahora mismo.
Bien, pues llegué a mi destino, tarde. Me recibió Emma, señaló la habitación donde realiza las terapias, y me explicó con paciencia cómo sería todo. Me quedé sola tumbada boca arriba. Estaba cómoda pero asfixiada, bloqueada en mi respiración. Otra mala costumbre mía, la de dejar de respirar sin darme cuenta. Y últimamente cada vez que quiero parar; parar, parar, parar… me pasa que me ahogo.
Después de unos minutos así, volvió a entrar ella y comenzamos. La paz y el calor llegaron sin avisar, pero tampoco empujando, mientras las manos de Emma me recorrían, sobre todo donde están guardadas las entrañas.
Y luego se posaron o levitaron a un milímetro de mi cadera derecha y permanecieron allí mucho tiempo, más que en cualquier otra parte. No pude evitar sonreír.
Después el brazo derecho, en la zona de las clavículas, etc. Cuando ya estaba inmersa en una relajación profunda y mi respiración era libre, le tocó el turno a la cabeza. Sentí frío en las sienes y en la frente, un cosquilleo, algo así como una apertura. ¡Vaya! Aquella sí que fue una sensación rara y muy agradable. Algo estupendo, e inesperado.
Después de la señal que acordó que haría, me puse boca abajo. Mi espalda no pidió tanta atención. Los pies un poquito. Fue genial.
Cuando bajé de la camilla tardé un instante en darme cuenta, pero no me dolía la pierna. Me había aliviado sin tocarme, qué cosa tan extraña. Me marché feliz.
Mucha gente opina que el reiki es solo un placebo. Yo creo que básicamente todo lo es. Cualquiera que sea la enfermedad o el problema solo se curarán quienes tengan la voluntad de lograrlo.
Aún ahora, mientras escribo, siento un entumecimiento sutil en las sienes. Me toco la coronilla y le pregunto al séptimo chacra qué tal le ha ido el día.

Blanca Díaz

Uno de los profesores que tuve en la universidad dijo, durante una de sus clases, una cosa que se me quedó grabada para siempre: que las personas le tenemos miedo al silencio. Recuerdo que, al escuchar aquello, los estudiantes despertamos de nuestro letargo mañanero y le miramos con curiosidad. “¿Pensáis que no es así?” – continuó el profesor – “¿Cuántos de vosotros ponéis la tele, o la radio de fondo mientras hacéis otras cosas? ¿Cuántos escucháis música mientras camináis hacia a la facultad, o mientras paseáis? Todos, o casi todos, ¿verdad? Y ahora, contadme: ¿cuántos dedicáis unos minutos al día a sentaros sin hacer nada, en silencio, escuchando únicamente lo que suena dentro de vuestras cabezas?” – sonrió al ver el cambio en nuestras expresiones – “Y es que, como digo, le tenemos miedo al silencio… ¿y sabéis por qué? porque el silencio nos hace encontrarnos con nosotros mismos, y no siempre nos gusta lo que vemos”.
Ya llevaba un rato tumbada en la camilla de Emma cuando me di cuenta de que el reiki es, en cierta medida, un silencio. Un silencio en el que una puede sumergirse plácidamente después de una mañana, bueno, de muchas mañanas de madrugón, café bebido y carreras. La sala en la que realiza sus sesiones se convirtió en un inesperado reducto de paz y tranquilidad en pleno centro del huracán, y allí, por primera vez en mucho tiempo, desaparecieron de mi cabeza la cola del paro, el papeleo de hacienda, las discusiones por todo y por nada, los números rojos, los pies fríos y los taladros para que se hiciera ese silencio que Emma escuchó y que yo, al principio, disfruté mientras me columpiaba al borde de un sueñecito reparador. No llegué a dormirme…
Hacía mucho tiempo que no me veía.

Ainhoa Mallo

Miércoles de mañana, después de varias semanas de aquí para allá me regalo una pausa. 10 en punto. Llego al centro de Emma. Me recibe una sonrisa, una voz dulce y una energía amorosa. La sala a la que me invita a pasar es cálida y se respira calma. Esto empieza bien.
No es mi primera sesión de reiki así que a penas necesito preguntar, a penas Emma necesita explicar. Simplemente me dispongo a realizar un viaje. Dejarme en sus manos. Permitir que mi cuerpo vaya indicando lo que necesita, donde requiere más mimo, más calor, más energía.
Poco a poco dejo que mi respiración vaya encontrando su propio ritmo, reconozca mi cuerpo, donde hay dolor, cansancio, bloqueo… Y así, inhalación a inhalación me lleno de serenidad… exhalación a exhalación dejo que se vayan mis preocupaciones, los ruidos internos…
Unos instantes para mí. Sola y no en ese espacio. Encuentro el equilibrio adecuado al ritmo de mi respiración.
Al poco tiempo -no sé cuanto porque el tiempo se ha detenido- percibo unos pasos, la puerta que se abre… adivino las manos de Emma, las siento sin que me rocen, suaves caricias en el aire que recorren mi cuerpo sin tocarlo… están y no, se advierten y no… como un suave oleaje que me invita a un viaje. Un viaje profundo en el que visito lugares conocidos y descubro nuevos paisajes, palabras antiguas, sonidos nuevos, sensaciones vividas, emociones renacidas. Sigue el camino. Un espacio sin tiempo, un tiempo sin espacio. Llego a casa. Mi respiración en equilibrio, mi cuerpo relajado, me reconozco.
La voz de Emma me invita a “aterrizar”. Vuelvo y sin embargo me siento aún en casa. Viaje de ida y vuelta y la sensación de un maravilloso regalo. AGRADECIMIENTO.

Marta Falcón

Había quedado con Emma a las cinco y media, y llegué desquiciada. Había tenido un montón de trabajo ese día, tuve que dejar cosas a medio hacer para llegar puntual y dar mil vueltas para aparcar. Mi pico de estrés estaba en su tope en ese momento. Nunca había hecho reiki, y no tenía ningún tipo de expectativa de cuáles serían los resultados de la sesión. Emma contestó con mucha amabilidad mis dudas antes de empezar y se puso a ello. Pensé que no iba a sentir nada, es más, con lo cansada que estaba, imaginaba que me quedaría dormida enseguida. Sin embargo, sí que tuve un montón de sensaciones que nunca había tenido… y no me quedé dormida. Al final, experimenté una gran sensación de calma y me olvidé del estrés… al menos en lo que quedaba de día. Cuando me fui y me despedí de Emma, tenía un “buen rollo” en el cuerpo difícilmente explicable. Pensé que todo se quedaría ahí, pero en los días posteriores la sensación era la misma. A ella no la conozco muy bien todavía, pero me pareció un amor de persona, lo cual ayudó mucho a que me sintiese a gusto en todo momento. Me explicó que tiene unos bonos de sesiones… y yo ya sé qué voy a pedir a los Reyes estas Navidades.

Rocío Barros Roel

Acudo a la cita con cierta incertidumbre, propia de una experiencia desconocida, de la que sólo sé que se basa en un «tráfico de energía».
La atmósfera cálida y la música relajante hacen que desde el momento en que cruzas la puerta entres en un ambiente de relajación que te atrapa a través de los sentidos.
Las sensaciones de frío y calor se intercalan mientras la manos de Emma se posan en distintos puntos del cuerpo e, incluso a través de la ropa, siento como a veces queman y a veces hielan. La relajación va en aumento al mismo tiempo que el peso de mi cuerpo se diluye hasta convertirse en espuma que se eleva, impulsada por la música y el hipnotizador olor que invade la habitación.
La calma y la armonía ponen fin a esta sensorial e inspiradora experiencia, totalmente recomendable.

Alberto Balbona

Hace unos días recibí un e-mail de Polisemias, donde me invitaban a tener la experiencia de una sesión de Reiki, cortesía de Emma Cabanas Hidalgo, con la condición de contar las sensaciones, que en mi caso es un gusto, pués me encanta escribir.
Créase o no muchísimas veces la casualidad, el destino o como quiera llamarse se cruza en nuestro camino, hacía una semana me había puesto a leer un libro “Reiki” curación y autocuración por la energía universal de Paula Horan, que estaba en mi poder hace muchísimo tiempo, pero nunca había experimentado su práctica.
Hoy 12/11 a las 10,30hs.empecé mi primera sesión, fuí recibido por Emma que desde un principio irradía simpatía y confianza, el lugar una sal sencilla con una camilla en el centro, con una temperatura ideal, una música suave de fondo. Después de dejar abrigo, bolso y zapatos, me puse en la camilla boca arriba, apoyando la cabeza en una almohadilla y un cilindro de goma espuma debajo de las rodillas, en una postura muy cómoda y en manos de la especialista.
Reiki es un término japonés que significa energía universal de vida, quién utiliza sus manos para transportar la energía es el donante y el que la recibe el receptor. Emma fue colocando sus manos primero en el sector derecho de la zona abdominal y sentí un calor, que en esos momentos pensé se habría lavado las manos con agua caliente, pero que prosiguió luego durante toda la sesión, cuando no sentía sus manos, observe por el rabillo del ojo, que las mantenía en el aire sobre la zona. Fué avanzando por todo el pecho hasta llegar a cuello y cabeza; creo por mí conocimiento de los chakras que en esas zonas, se detuvo un poco  más.
Luego me hizo poner boca abajo y continuó por la espalda, piernas, terminando en los pies.
No llegué a dormir, pero entré en un estado de relajación total, luego de la sesión de una hora y media, más unos quince minutos de reposo, pudimos tener una linda charla donde contestó a todas mis inquietudes.
Realmente quedé sorprendido de lo rápido que habían transcurrido las dos horas, tenía la sensación que se siente a la mañana cuando te despiertas, de estar descansado.
Durante el viaje de vuelta le contaba a mi señora la experiencia y bostece varias veces, cosa inusual en mí, también me noté un poco eufórico como cuando vamos a los baños termales; escribo ésto de noche, porque me explicó ella que los beneficios no son solo del momento y por ahora puedo decirles que repetiré y les agradezco haberme ayudado a tener esta nueva vivencia.

María Inés Cuadrado

Soy puntual. Ni antes, ni después. Puntual. Eso, a veces, me mete una presión en el cuerpo que me hace  llegar después de haber llegado. Luego de escuchar la rabieta de otro conductor porque, supuestamente, le robé el puesto para aparcar, entro en la consulta de Emma. Colores claros, aromas perfumados, sus ojos luminosos y su sonrisa  me invitan a “no hacer nada” durante una hora y media. Me recuesto en la camilla y hago… nada. Entonces desaparecen los relojes, las bocinas, el ronroneo de mi cabeza, y es mi cuerpo el que comienza a hablar. Quieta, en el silencio de mi alma, siento cómo las manos de Emma trabajan sobre mí como la brisa suave que provoca el revoloteo de una mariposa sobre mi. Mi hígado pide enfriarse, mi timo gime lentamente, mi cerebro se desinfla al compás de cada movimiento. Y en cada exhalación que doy marchan dolores caducados…
Me fui caminando sobre el aire, convertida en libélula, feliz de haber encontrado algo que me hace sentir bien. Con ganas de cuidarme. Y de que me cuiden. En todo momento.
¡Gracias Emma, por haber dialogado con mi pobre cuerpo! ¡Por haberme hecho escucharlo! Vuelvo.
¡Enhorabuena Polisemias! ¡siempre con iniciativas originales y movilizantes!
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